Fortalezas
Todos vivimos en el mismo
planeta y formamos parte de la biosfera. Reconocemos ahora que nos encontramos
en una situación de interdependencia creciente y que nuestro futuro es
indisociable de la preservación de los sistemas de sustentación de la vida en
el planeta y de la supervivencia de todas las formas de vida. Los países y los
científicos del mundo deben tener conciencia de la necesidad apremiante de
utilizar responsablemente el saber de todos los campos de la ciencia para
satisfacer las necesidades y aspiraciones del ser humano sin emplearlo de
manera incorrecta. Tratamos de recabar la colaboración activa de todos los
campos del quehacer científico, a saber, las ciencias naturales, como las
ciencias físicas, biológicas y de la tierra, las ciencias biomédicas y de la
ingeniería y las ciencias sociales y humanas. El Marco General de Acción hace
hincapié en las promesas y el dinamismo de las ciencias naturales así como en
sus posibles efectos negativos, y en la necesidad de comprender sus
repercusiones en la sociedad y sus relaciones con ella mientras que, el
compromiso con la ciencia, así como las tareas y responsabilidades recogidas en
esta Declaración, corresponden a todos los campos del saber científico. Todas
las culturas pueden aportar conocimientos científicos de valor universal. Las
ciencias deben estar al servicio del conjunto de la humanidad y contribuir a
dotar a todas las personas de una comprensión más profunda de la naturaleza y
la sociedad, una mejor calidad de vida y un medio ambiente sano y sostenible
para las generaciones presentes y futuras.
El saber científico ha
dado lugar a notables innovaciones sumamente beneficiosas para la humanidad. La
esperanza de vida ha aumentado de manera considerable y se han descubierto
tratamientos para muchas enfermedades. La producción agrícola se ha
incrementado enormemente en muchos lugares del mundo para atender las
crecientes necesidades de la población. Está al alcance de la humanidad el
liberarse de los trabajos penosos gracias al progreso tecnológico y a la
explotación de nuevas fuentes de energía, que también han permitido que
surgiera una gama compleja y cada vez mayor de productos y procedimientos
industriales. Las tecnologías basadas en nuevos métodos de comunicación,
tratamiento de la información e informática han suscitado oportunidades, tareas
y problemas sin precedentes para el quehacer científico y para la sociedad en
general. El avance ininterrumpido de los conocimientos científicos sobre el
origen, las funciones y la evolución del universo y de la vida proporciona a la
humanidad enfoques conceptuales y pragmáticos que ejercen una influencia
profunda en su conducta y sus perspectivas.
La práctica de la investigación
científica y la utilización del saber derivado de esa investigación deberían
estar siempre encaminadas a lograr el bienestar de la humanidad, y en
particular la reducción de la pobreza, respetar la dignidad y los derechos de
los seres humanos, así como el medio ambiente del planeta, y tener plenamente
en cuenta la responsabilidad que nos incumbe con respecto a las generaciones
presentes y futuras. Todas las partes interesadas deben asumir un nuevo
compromiso con estos importantes principios.
Hay que garantizar la
libre circulación de la información sobre todas las utilizaciones y
consecuencias posibles de los nuevos descubrimientos y tecnologías, a fin de
que las cuestiones éticas se puedan debatir de modo apropiado. Todos los países
deben adoptar medidas adecuadas en relación con los aspectos éticos de la
práctica científica y del uso del conocimiento científico y sus aplicaciones.
Dichas medidas deberían incluir las debidas garantías procesales para que las
divergencias de opinión y quienes las expresan sean tratados con equidad y
consideración. La Comisión Mundial de Etica del Conocimiento Científico y la
Tecnología de la UNESCO puede ofrecer un medio de interacción a este respecto.
Todos los investigadores
deberían comprometerse a acatar normas éticas estrictas y habría que elaborar
para las profesiones científicas un código de deontología basado en los
principios pertinentes consagrados en los instrumentos internacionales
relativos a los derechos humanos. La responsabilidad social que incumbe a los investigadores
exige que mantengan en un alto grado la honradez y el control de calidad
profesionales, difundan sus conocimientos, participen en el debate público y
formen a las jóvenes generaciones. Las autoridades políticas deberían respetar
la acción de los científicos a este respecto. Los programas de estudios
científicos deberían incluir la ética de la ciencia, así como una formación
relativa a la historia y la filosofía de la ciencia y sus repercusiones
culturales.
La igualdad de acceso a la
ciencia no sólo es una exigencia social y ética para el desarrollo humano, sino
que además constituye una necesidad para explotar plenamente el potencial de
las comunidades científicas de todo el mundo y orientar el progreso científico
de manera que se satisfagan las necesidades de la humanidad. Habría que
resolver con urgencia los problemas con que las mujeres, que constituyen más de
la mitad de la población mundial, tienen que enfrentarse para emprender
carreras científicas, proseguirlas, obtener promociones en ellas y participar
en la adopción de decisiones en materia de ciencia y tecnología. No menos
apremiante es la necesidad de eliminar los obstáculos con que tropiezan los
grupos desfavorecidos y que impiden su plena y efectiva participación.
Los gobiernos y
científicos del mundo entero deben abordar los problemas complejos planteados
por la salud de las poblaciones pobres, así como por las disparidades
crecientes en materia de salud que se dan entre países y entre comunidades de
un mismo país, con miras a lograr un nivel de salud mejor y más equitativo, y
facilitar también mejores servicios de asistencia sanitaria de calidad para
todos. Esto se debe llevar a cabo mediante la educación, la utilización de los
adelantos científicos y tecnológicos, la creación de sólidas asociaciones a
largo plazo entre las partes interesadas, y el aprovechamiento de programas
encaminados a ese fin.
Debilidades
Las
aplicaciones de los avances científicos y el desarrollo y la expansión de la
actividad de los seres humanos han provocado también la degradación del medio
ambiente y catástrofes tecnológicas, y han contribuido al desequilibrio social
o la exclusión. Un ejemplo: el progreso científico ha posibilitado la
fabricación de armas muy perfeccionadas, lo mismo tradicionales que de
destrucción masiva. Existe ahora la posibilidad de instar a una reducción de
los recursos asignados a la concepción y fabricación de nuevas armas y fomentar
la transformación, al menos parcial, de las instalaciones de producción e
investigación militares para destinarlas a fines civiles. La Asamblea General
de las Naciones Unidas proclamó el año 2000 Año Internacional para la Cultura
de la Paz y el año 2001 Año de las Naciones Unidas del Diálogo entre
Civilizaciones como pasos hacia la instauración de una paz duradera. La
comunidad científica, junto con otros sectores de la sociedad, puede y debe
desempeñar un papel fundamental en este proceso.
La mayor
parte de los beneficios derivados de la ciencia están desigualmente
distribuidos a causa de las asimetrías estructurales existentes entre los
países, las regiones y los grupos sociales, así como entre los sexos. Conforme
el saber científico se ha transformado en un factor decisivo de la producción
de riquezas, su distribución se ha vuelto más desigual. Lo que distingue a los
pobres (sean personas o países) de los ricos no es sólo que poseen menos
bienes, sino que la gran mayoría de ellos está excluida de la creación y de los
beneficios del saber científico.Nosotros, los participantes en la Conferencia
Mundial sobre la Ciencia para el Siglo XXI: Un nuevo compromiso, reunidos en Budapest (Hungría) del 26 de junio al 1º de
julio de 1999, bajo los auspicios de la Organización de las Naciones Unidas
para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y el Consejo Internacional
para la Ciencia (ICSU).
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